Hoy, mientras el Partido Revolucionario Moderno (PRM) gobierna el país, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) intenta reorganizarse tras perder el poder y la Fuerza del Pueblo (FP) se consolida como una de las principales fuerzas de oposición, pocos recuerdan que los tres partidos tienen como origen el viejo Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización fundada el 21 de enero de 1939 en Cuba por Juan Bosch.
Con la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y el retorno de la democracia, el PRD se convirtió en una maquinaria política de masas de donde emergieron liderazgos que marcarían generaciones enteras.
Pero también comenzaron las contradicciones internas, las pugnas grupales y las guerras por el control partidario que terminarían fragmentando el partido histórico.
La primera gran ruptura ocurrió el 15 de noviembre de 1973 cuando el expresidente Juan Bosch, desencantado con el rumbo del PRD y enfrentado a sectores que consideraba alejados de la formación doctrinaria y ética política, abandonó la para crear al PLD el 15 de diciembre 1973.
Bosch entendía que el PRD se había convertido en una estructura demasiado electoralista y poco disciplinada. Su salida no fue simplemente administrativa, fue filosófica. Dejó atrás el partido de masas para construir una organización de cuadros políticos, cerrada, disciplinada y con una visión estratégica del poder.
División en el PLD
Durante años, el PLD fue visto como una maquinaria intelectual minoritaria, hasta que terminó transformándose en el partido más poderoso de la historia reciente dominicana.
Desde esa organización emergió otra de las grandes figuras políticas del país: Leonel Fernández, bajo cuyo liderazgo el partido consolidó una estructura electoral y gubernamental que dominó buena parte del siglo XXI.
Sin embargo, las tensiones internas y las heridas abiertas tras las primarias de 2019 provocaron otra fractura decisiva. El 17 de octubre de ese año Leonel Fernández renunció al PLD y fundó la Fuerza del Pueblo. Con él se marcharon dirigentes históricos, legisladores, alcaldes y miles de militantes que entendían que el liderazgo leonelista había agotado su espacio dentro del peledeísmo.
Así, el partido creado por Bosch terminó también dividido por una lucha de liderazgo y supervivencia política.
Nace nuevo partido
Pero la fragmentación del viejo PRD no se limitó al nacimiento del PLD, ya que décadas después, el partido blanco volvió a vivir una guerra interna devastadora. Las confrontaciones entre las corrientes de Hipólito Mejía y Miguel Vargas Maldonado llevaron a expulsiones, renuncias y enfrentamientos públicos que terminaron desangrando la organización.
La expulsión de Hipólito Mejía y de Andrés Bautista, presidente del PRD, provocó un éxodo masivo de dirigentes y militantes, provocando una crisis que terminó dando origen, el 9 de septiembre de 2014, al PRM, construido sobre la alianza entre los sectores perredeístas disidentes y un emergente Luis Abinader, quien entonces encabezaba el Partido Alianza Social Dominicana (ASD).
El nacimiento del PRM cambió nuevamente el mapa político dominicano. El viejo partido blanco, que durante décadas había sido sinónimo de oposición popular y esperanza democrática, quedó reducido a una estructura muy debilitada, mientras su descendencia política ocupaba el centro del poder nacional.
Visto esto, la política dominicana terminó construyéndose sobre las divisiones de un mismo origen. El PRD parió al PLD, éste dio origen a la Fuerza del Pueblo y las crisis internas del PRD produjeron el PRM. Cuatro organizaciones distintas, pero unidas por una genealogía común de liderazgos, rupturas y ambiciones.
Otros hijos del PRD
Aunque nunca alcanzó la estatura de partido mayoritario el Partido Revolucionario Independiente (PRI), es otro hijo del PRD.
Tras haber sido candidato presidencial del PRD en las elecciones de 1986, Majluta protagonizó una fuerte confrontación política con el líder histórico de la organización, José Francisco Peña Gómez, que terminó dividiendo a importantes sectores de la militancia.
El conflicto no solo reflejaba diferencias personales entre ambos dirigentes, sino también visiones distintas sobre el control y el futuro del partido blanco. Peña Gómez mantenía un liderazgo carismático y de profundas raíces populares, mientras Majluta intentaba consolidar un proyecto propio dentro de la organización.
En medio de enfrentamientos por el control partidario y divisiones cada vez más marcadas, Peña Gómez decidió estructurar una corriente ideológica propia que le permitiera preservar su liderazgo político, mientras sectores encabezados por Majluta y otros dirigentes consolidaban el control de gran parte de la estructura del PRD.
La salida de Jacobo Majluta de esa organización en 1990 marcó uno de los episodios más tensos en la historia del perredeísmo.
El Bloque Institucional Socialista (BIS) nació como movimiento de apoyo a Peña Gómez a lo interno del PRD, bajo la coordinación de Rafael Suberví Bonilla.
La tensión llegó a un punto irreversible y la ruptura terminó siendo inevitable, provocando la salida definitiva de Majluta del PRD para abrir una nueva etapa en su carrera política.
El 26 de enero de 1990 Jacobo fundó el PRI, partido con el que buscó construir una alternativa electoral basada en el liderazgo que todavía conservaba dentro de sectores perredeístas y reformistas desencantados.
Bajo esa nueva bandera partidaria participó como candidato presidencial en las elecciones de 1990, intentando posicionarse como una figura de equilibrio dentro de un escenario político dominado entonces por el reformismo de Joaquín Balaguer y el ascenso del PLD de Juan Bosch.
Aunque el PRI nunca alcanzó la dimensión electoral del PRD, la salida de Majluta dejó una huella importante en la política dominicana y anticipó el patrón de fragmentación que años después volvería a repetirse en otras organizaciones partidarias.
En cambio, el BIS fue reconocido como partido ante la Junta Central Electoral el 12 de enero de 1990, ya de la mano de José Frank Peña Guaba, hijo de Peña Gómez.
Durante años mantuvo una estrecha relación política y electoral con el PRD, funcionando en muchos momentos como un aliado estratégico de las iniciativas impulsadas por Peña Gómez y el perredeísmo tradicional. Hoy, es un fiel aliado de la Fuerza del Pueblo.
La historia demuestra que, en la República Dominicana, los partidos no desaparecen del todo, se transforman, se fragmentan y vuelven a renacer bajo otros colores y otros nombres, aunque muchas veces con los mismos protagonistas.

